Alcanzar la Fama

¿Queremos privacidad o vivimos para que nos vean? En éste post: una historia corta que revela el secreto absoluto para alcanzar la fama.

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“¿Qué crees que va a pasar?”, me preguntó sin mirarme. Ya nunca me mira, pero no me molesta. La verdad es que yo tampoco la miro mucho y ninguna de las dos se da cuenta a menos, claro, que una de nosotras esté especialmente agitada por algo. Eso precisamente era lo que me estaba pasando esa tarde. 

“Creo que nunca seré feliz,”contesté yo. “Creo que me voy a morir, que voy a vomitar, que todo me saldrá mal y que no tengo forma de salvarme ni de arreglar nada. Que estoy aburrida y lo único que quisiera hacer es anestesiarme comiendo hasta que llegue a las setecientas libras,” le contesté. 

Estábamos sentadas en su casa con la televisión prendida, pretendiendo ver una novela y conversar. En realidad mirábamos más a la pantalla de nuestros celulares que a cualquier otra cosa pero de alguna forma lográbamos tener una pseudo-conversación. 

“¿Y por qué setecientas libras?” me preguntó y se hechó a reír. Nunca me cree lo que digo, todo le suena a relajo. Pero yo sí estoy segura de lo que estoy diciendo, no porque lo haya pensado mucho, si no por que estoy bastante conectada a mis sentimientos; son la ostia, pero yo los entiendo muy bien. 

“Porque sí,” le contesté. “¿Has visto los gordos esos que salen en la televisión, con seiscientas y pico de libras, buscando hacerse una cirugía de gastric bypass? ¡Pues yo les voy a ganar a todos! ¡Les voy a ganar comiendo porquerías que parece ser la única cosa que puedo hacer exitosamente en ésta vida!”

“¡Pero que exagerada eres!”

“No soy exagerada, soy expresiva,” le dije. “Los demás son exageradamente fríos, no comprenden el melodrama de la vida ni la exaltación de los momentos de felicidad. En ese contraste yo parezco una trompeta del Apocalipsis, pero no soy yo, es el mundo el que está fuera de tono.” 

“¿Y cuando llegues a las setecientas libras?,” me preguntó sin mover la vista del celular.

“Fácil. Si sobrevivo, yo también voy a salir en televisión y cuando esté pesando trescientas libras seré una celebridad y la gente me mandará mensajes de admiración por Facebook y Twitter por haber perdido tanto peso. Ya no importará lo que haya hecho antes, cuanto haya fracasado; ¡por fín voy a tener redención y seré famosa! Ya nunca más me sentiré invisible.” 

Mi amiga se quedó callada por un rato, se le notaba que estaba pensando en algo, quizás en el modo de disuadirme de mis planes. Quizás estaba pensando que yo estaba demasiado loca, que se necesitarían dos psicólogos y por lo menos tres psiquiátras para bregar con mi caso. 

“Sabes, qué?” me dijo después de un rato. “Yo también quiero ser famosa. ¿Vamos a comer mantecado y alcapurrias?”