Una fogata en el desierto/A bonfire in the desert

En éste post: culebras, escorpiones y una fogata en el desierto./In this post: snakes, scorpions and a bonfire in the desert.

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Una vez, alguien que conocí hace mucho tiempo me dijo que sólo le gustaban los viajes a sitios donde ella pudiera estar cómoda. Estábamos hablando de acampar en la playa, una cosa que yo solamente había hecho una vez en mi vida, pero que desde ese entoces, soñaba con repetir. Aquella vez de la acampada, era yo unos años más joven y no me descomponía pasar una o dos noches durmiendo en el piso y escuchando a los animalitos del campo en sus misteriosas correrías nocturnas. Había música, comida chatarra y camaradería; era una época inocente. Nostalgia.  Adelantamos el reloj un par de décadas y es ahora que entiendo por fin el significado de la comodidad; ahora soy yo esa persona que prefiere los sitios cómodos.

La semana pasada, Lloso, yo y algunos amigos fuimos a pasar la tarde a la playa en Qatar. No hubo comida chatarra, o no mucha; la ventaja de ser adultos profesionales es que ahora podemos comprar buena comida y cocinarla en una fogata de leña. La temperatura en el desierto estuvo perfecta. Hubo música en vivo; hablamos un poco de la vida y mucho del espacio, los premios Nobel y varias otras cosas que nos gustan a los geeks. No era lo mismo que hace veinte años pero me sentí joven, llena de energía.  Saqué muchas fotos mientras caía la tarde y el mar llano del Golfo Pérsico dejaba atrás planicies the lodo color arena según iba bajando la marea. Nuestros amigos nos habían dicho que ésta época del año es aún muy fría para los escorpiones, pero que no me pusiera a rebuscar en la arena por si había alguno hibernando por ahí. No hubo escorpiones, sólamente me encontré el cadáver de una culebra, cuando me alejé un poco del campamento acompañada por mi esposo, buscando un ángulo interesante para la siguiente foto y un sitio para mear.

Al anochecer, el viento soplaba del sur oeste, trayendo olor a sal seca y partículas finas de polvo desde Arabia Saudita. Nosotros improvisamos a la más o menos nuestra versión acústica de “Hotel California”. En la semioscuridad se podían ver claramente las primeras estrellas.

Cuando acabamos con todos los pinchos y varias botellas de jugo, cuando los guitarristas ya no supieron que más improvisar y la fogata se había reducido a unos cuantos carbones con chispas color naranja, ese fue el momento de partir. Recogimos todo, incluso la basura y nos regresamos a la civilización en Doha, aunque a mí no me hubiera molestado pasar la noche escuchando lo que fuera que se desplazara furtivamente en esa playa en el desierto.

Al llegar a casa noté un picor leve al cual no le dí nada de importancia; sólo podía pensar en el desierto, en la feliz circumstancia de tener finalmente un grupo social al que poder llamar amigos, en la próxima vez. Al día siguiente me desperté con dificultad respiratoria. Ya llevo una semana con un épico dolor de garganta resistente a cuanta pastilla me he podido chupar. La temperatura ha empezado a subir ésta semana y el cielo ya no es azul, si no gradaciones de periwinkle y fino polvo amarillo que se pega donde quiera, aún más en mi pobre garganta irritada.



ENGLISH

A long time ago, somebody I knew told me that she only liked to go to places where she could be comfortable. We were talking about camping on the beach, something that I had done only once in my life, but that I was hoping to do again ever since. That one time, I was many years younger and I was not bothered by spending one or two nights sleeping on the floor and listening to small critters on their mysterious nocturnal pursuits. There was music, junk food, and comradeship; it was an innocent time. Nostalgia. Winding the clock forward a couple of decades, it is now that I finally understand the meaning of comfort; now I am that person that prefers to be on comfy places.

Last week, AwHus and I, and a few friends went to spend the afternoon at the beach in Qatar. There was no junk food—or not a lot of it—the advantage of being with professional adults was that now we could afford good food which we cooked in a open bonfire. The temperature on the desert was perfect. There was live music, we spoke a little bit about life and a lot about space, Noble prizes, and several other things that us geeks like. It was not the same as twenty years ago, but I felt young and full of energy. I took many pictures while the evening fell down, and the shallow sea of the Persian Gulf left behind flatlands of sand-colored mud with the receding tide. Our friends told us that this season is still too cold for scorpions, but that we should not move any stone or dig on the sand just in case there was one hibernating there. There were no scorpions; I just found a dead snake when I left the camp with AwHus looking for an interesting angle for next picture, and a secluded place where to pee.

When night fell, the wind was blowing from the south-west bringing a smell of dry salt and fine particles of dust from Saudi Arabia. We improvised our own unplugged version of “Hotel California”. In the semi-darkness, we could see very clearly the twinkle of the first evening stars.

When we finished with all the meat and vegetable skewers and several bottles of juice, when the guitar players couldn’t think of anything else to improvise and the bonfire had been reduced to a few orange embers, that was the time to leave. We picked up everything we had brought, including trash, and returned to the civilized world in Doha; I wouldn’t have mind to spend the night listening to whatever it was that lead a secret life on that desert beach.

When I arrived home, I noticed a mild itch to which I paid no attention; I could just think about the desert, about the happy circumstance of finally having a social group that I could call friends, of when we could do this again. The next day I woke up with breathing difficulty, and today it as been already a week that I had an epic strep throat resistant to every lozenge that I could get to suck. The temperature had started to change again this week, and the sky is no longer blue but a gradation of periwinkle, and fine yellow dust that sticks everywhere, but preferentially on my poor irritated throat.



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